Prácticas preprofesionales en programas comunitarios

17 07 2009

Cada vez son más los alumnos de carreras económicas que ponen sus conocimientos en práctica en proyectos sociales.

Fuente: Amia Empleos

Existe la imagen de que el estudiante o graduado de las carreras de ciencias económicas es una persona fría a la que sólo le importa el dinero o que vive en un mundo en el que todo se rige por fórmulas contables o teorías económicas.

Sin embargo, lejos de confirmar esta visión, cada vez son más los alumnos que se ocupan de las problemáticas sociales ofreciendo sus conocimientos sin ninguna otra motivación que la de poner en práctica sus estudios ayudando a la comunidad.

Javier López (22) cursa el tercer año de la carrera de Contador Público en la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires (UNICEN) y durante 2008, a través del Programa de Pasantías Solidarias que organiza la Facultad de Ciencias Económicas, participó en el Banco de Alimentos de Tandil, una ONG que se encarga de almacenar y distribuir alimentos donados para los sectores más carenciados de la región.

“Decidí participar en el programa para adquirir una experiencia práctica de mi carrera y, a su vez, a ayudar a construir algo tan importante como el trabajo solidario”, explica López, quien entusiasmado con esta primera experiencia, colabora también con la Fundación del Hospital de Niños de Tandil.

El Programa de Pasantías Solidarias de UNICEN nació en 2003 para dar respuesta a las necesidades socioeconómicas de la población, pero también con la meta de cumplir con el perfil del estudiante que la Facultad de Ciencias Económicas se propone. “Un graduado que sólo conoce el mundo empresario es un profesional rengo. La profesión tiene que ir acompañada del conocimiento de toda la sociedad. Anhelamos que el profesional comprenda que no existe una empresa exitosa en medio de una comunidad pobre”, explica el director del Programa de Desarrollo Profesional, Daniel Herrero.

La Asociación Civil Mujeres 2000 (M2000), formada por jóvenes profesionales y estudiantes universitarios, genera y apoya actividades comerciales o productivas para mejorar la calidad de vida de mujeres de bajos recursos con microcréditos. “Lo consideramos como una política social: un instrumento que fomenta la inserción laboral a través del autoempleo”, explica Macarena Muñoz Molina, del departamento de Relaciones Institucionales. Milagros Grismoldi (27) es licenciada en Economía y actualmente está cursando una Maestría en Políticas Públicas en la Universidad Torcuato Di Tella.

La lectura de los libros del premio Nobel de la Paz y desarrollador del concepto de microcréditos, Muhammad Yunus, la incentivó a ingresar al programa. “En la semana trabajo en una consultora analizando a nivel macro la coyuntura económica. Sin embargo, gracias al contacto con M2000, adquiero también una perspectiva del efecto que las medidas económicas generan a nivel micro”, resume.

Federico Darnond (24) se recibió en 2006 de economista en la Universidad del CEMA y también es voluntario de M2000. Se encarga del diseño y evaluación de los emprendimientos, razón por la cual sus conocimientos resultan de gran utilidad. “En la práctica, se aplican conceptos empresarios y económicos que es necesario adaptar a la realidad de cada beneficiaria, más allá de la mochila teórica que uno trae de la facultad. Sin embargo, cuestiones como estacionalidad de los productos, márgenes de ganancias, rotación de mercaderías y capital de trabajo son fundamentales para dar asesoramiento completo”, explica el joven.

Si bien las universidades también ofrecen pasantías rentadas, Daniel Herrero resalta que, cuando los estudiantes comentan el desarrollo de sus prácticas, “los voluntarios lo hacen emocionados y con la alegría propia de quien se siente realmente cómodo y agradecido. A los pasantes rentados se los ve satisfechos, pero difícilmente emocionados por lo que hacen”.

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